Perfil de la persona con adicción y evolución de los tratamientos.

Dr. Narcís Martí. (CAS CECAS)

El fenómeno de las drogodependencias es tan antiguo como la humanidad. Quizás lo que ha ido cambiando es la finalidad del consumo de drogas a lo largo de los tiempos.

No es lo mismo el uso del peyote, un alucinógeno que todo utilizaban en México los pueblos nativos para comunicarse con los dioses, para hacer adivinaciones, predicciones, curaciones, etc., o en altas dosis usado por los guerreros como a euforizante, que el hecho de que aumente el número de morfinómanos después de una guerra (la morfina fue sintetizada del opio en 1806), en el que es regularmente usada, por el personal sanitario, desde que un soldado es herido en el campo de batalla y expresa sufrimiento hasta que llega al hospital militar de campaña (la morfina es usada como analgésico de altísima eficacia y sostenida su indicación, muchas veces más de lo que sería necesario); o bien las anfetaminas comenzadas a usar por las tropas paracaidistas alemanas en la Segunda Guerra Mundial, en la que se consideraba que saltaban detrás de las líneas enemigas y que tenían una vida media de 48 horas si no contactaban con la propia infantería, y es que el objetivo era que pudieran estar en máxima vigilia durante estas 48 horas para hacer el máximo daño posible, aunque después de estas 48 horas quedaran exhaustas y sin capacidad de respuesta.

Finalmente, cabe recordar que en Europa, en el siglo XVIII, autores como Ronsard, y luego De Quincey o Cocteau, empiezan a indicar el consumo de drogas como placer.

En Cataluña empezó de una manera relevante el consumo de derivados del cannabis y de la heroína a finales de los años setenta.

Los derivados del cannabis siempre han tenido detractores y defensores pero no han vivido como una droga peligrosa.

La heroína, en cambio, por sus condiciones era y es otra cosa; es una droga que aísla del exterior (hace incompatible seguir un trabajo normalizada), es muy adictiva. Además, mejora sus efectos, y por lo tanto es menos cara, por vena, en el que el tiempo efectivo es de unas 6 horas (por vía endovenosa, VEV) y tiene como consecuencia un síndrome de abstinencia muy molesta ya a las 24 horas; por lo tanto, tenemos un adicto que elegirá la VEV, cuando lo suba soportar, o no tenga más remedio. El adicto, tras una hora de haberse pinchado, debe encontrar dinero para conseguir una nueva dosis: si la encuentra antes de 6 horas sigue estando bien; si no es así, se irá encontrando peor hasta que a las 24 horas comenzará la horrible síndrome de abstinencia. Si lo consigue antes, volverá a comenzar el proceso 24 horas al día, todos los días, sin descanso …

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